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Una cenicienta moderna (IV)

Relato de un encuentro, así siguieron las cosas... y seguirán...


Foto del autor @Fdez33,

Lili hablaba a impulsos, pisaba las frases de Ushuaia, las dos tenían mil preguntas que hacerse, cada una quería conocer todo de la otra, pero aún a pesar de no saber casi nada y ser dos desconocidas, Lili sabía que la confianza que le inspiraba esa muchacha era irrevocable, incondicional e infinita. Lo mismo le pasaba, en el sentido contrario, a Ushuaia, la cual sentía un bienestar global inexplicable que se escapaba a su comprensión y razocinio.

Así es que las dos pasaron juntas por un supermercado y compraron algunas cosas de comer, de modo que una vez en la calle pudieron sentarse en el banco de un pequeño parque donde había columpios y esas cosas para críos pequeños, pero a esa hora estaban vacíos y reinaba el silencio. La avenida principal quedaba lejos y el ambiente era silenciosamente apropiado para una conversación relajada. Una conversación que a ratos parecía un interrogatorio, pero como por ambas partes había preguntas y respuestas, respondiendo a veces a preguntas no formuladas con anécdotas y la otra si reconocía el detalle se sumaba a exponer su parecer, experiencia u opinión. De modo que las dos tuvieran claro, más y más, por si no era ya suficiente, que estaban hechas la una para la otra. Como un guante artesano para su mano.

Con cada comentario, por liviano y trivial que fuera Ushuaia sentía como si estuviera pasándole la ITV al coche y fuera pasando limpio cada punto de la revisión. Su concepto de chica ideal siempre había figurado de una forma muy clara y definida en su mente, en sus sueños siempre había un patrón del cuál no se salía y Lili era el fiel reflejo de esa idealización. A ninguna de las dos les gustaba el café, ni siquiera el olor, lo cual se convertía en su mente en un punto a favor para una futura convivencia, a las dos les fascinaban los zumos, la fruta, las verduras, las infusiones, y era un suma y sigue continuo. Las risas llegaron cuando Lili le preguntó a Ushuaia por su talla de calzado y las dos coincidieron en criticar el tallaje casi libre de los fabricantes, pues ambas poseían calzado que iba desde el número 39 al 42, con más tendencia a los números 40 y 41, pero los márgenes de los fabricantes, por lo visto, eran la leche. Imaginaron hacer un boicot a nivel nacional, una protesta masiva para reivindicar una normalización del tallaje del calzado en la que los márgenes fueran ínfimos, irrelevantes, o inexistentes. Con todo, las dos acababan de descubrir que podrían compartir calzado en un futuro, si la cosa iba en serio, claro que ¿cómo no ir en serio cuando la vida te presenta a tu alma gemela de esta forma?

Lili, ese día, calzaba unas sandalias con suela plástica, forrada de tejido sintético agradable al tacto por el interior, y correas de poliéster forradas del mismo tejido del interior de la suela, con belcros para su sujección al pie. A ella la correa del tobillo le provocaba cierta sensación de agobio al caminar y prefería la libertad de unas sandalias abiertas, o la comodidad de unas deportivas textiles. Por su parte Ushuaia calzaba unas botas con tacón bajo, suela de goma, con forrado interior en algodón. Las botas eran negras, muy estilosas, y las combinaba con una falda negra larga, de tipo ibicenco, pero de tejido más grueso.

Comieron a la vez que hablaban, cada una tomó dos piezas de fruta, un zumo, un bocadillo y compartieron una bolsa de frutos secos. Ushuaia eligió un bocadillo de tomate natural, con rodajas de cebolla, lechuga y dos espárragos, rociado con salsa de mostaza. Lili en cambio lo pidió de lechuga con tomate natural y queso curado de oveja. Hablaron las dos sobre la dieta y coincidieron en al menos un aspecto, la libertad, el respeto y la conciencia les pertenecían de forma individual, no iban a enfrentarse, ni a forzarse, en cuánto al nivel de esfuerzo y compromiso que sus dietas vegetarianas las aproximaban a la versión estricta (por parte de ambas cualquier actitud, opción, alternativa que supusiera un radicalismo, una idea estricta, rígida, inflexible y obsesiva, estaba fuera de lugar). La verdad es que Ushuaia había tenido demasiadas discusiones y debates a lo largo de su vida relacionados con el tema de la dieta y estaba cansada. No pensaba echar por tierra sus principios y valores éticos y de Justicia al respecto, pero hacía unos años se había integrado y rodeado de personas veganistas y este extremismo le había resultado dañino emocional y psicológicamente, hasta el punto de perder contacto con otras amistades y perder relaciones y apoyos importantes entre personas que no compartían sus ideales y principios. De modo que había decidido, tras meditarlo y reflexionarlo profundamente, que prefería adoptar una posición más flexible, menos estricta y dejar de lado los radicalismos, para siempre.

Y Lili entendió al pie de la letra la experiencia que le compartió y teniendo presente que su ideario era coincidente no hizo falta debatirlo, tan sólo comentarlo y mencionarlo, de modo que fue un motivo para abrazarse y darse un beso cariñoso, seco pero donde sus labios se dijeron todas las cosas que las palabras no habían dicho todavía.

Ese beso sabía a plátano, a naranja, a pera y a anacardos.

Lo mejor de todo era que ese beso les supo a las dos a gloria.


Fdez33

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«Una cenicienta moderna (IV)» es un artículo original escrito por Fdez33 para Matices

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