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Una cenicienta moderna (II)

Relato de un encuentro, así continuaron las cosas...


Foto del autor @Fdez33,

Cenicienta, perdón, quería decir Lili, hablaba en inglés de muy mal nivel, la muchacha le oía esforzarse ys e reía para sus adentros, la verdad es que la mitad o más de lo que oía no era comprensible, el resto, algunas palabras sueltas, sí las entendía. De modo que iba siguiendo el hilo de lo que la duendecilla quería decirle. Y, repito, no dejaba de reírse para sus adentros. De su rostro no salió ni una mueca, se mantuvo impasible, inmutable, caminando a buen ritmo, si bien es cierto que acabó acompasando un poco el paso al de Lili, las dos iban al ritmo de la más lenta, que era la más menudita, claro. Con el mayor respeto y admiración, Lili intentaba expresarle a la muchacha su gratitud y de paso le hizo algún comentario respetuoso sobre sus caracteres secundarios, que le conferían a la muchacha un aspecto andrógino, mitad hombre mitad mujer, y eso a Lili (aunque esto no lo dijo) le estaba volviendo loca. De tanto que fue así, la muchacha llegó a un cruce en el que sí o sí debía parar, porque además solía ser una muchacha cívica de las que siempre mira hacia los dos lados, y cruza en verde. Pero se hizo la rebelde y, sin causa aparente, le dio por cruzar en rojo y viendo que Lili la seguía tuvo que agarrarla por la cintura y un brazo y sacarle del medio del carril rauda y veloz para que no la alcanzase un coche que pasaba. Se quedaron en un refugio de acera entre los dos sentidos de circulación, atrapadas por el tráfico, solas, aisladas y entonces Lili se quedó callada y la muchacha por fin le habló. En perfecto castellano y sin acento de ninguna parte, ni nacional, ni extranjero, le preguntó si estaba loca. - ¿Pero tú estás loca? ¿Es que quieres que te mate un coche? Que si yo he cruzado ha sido para deshacerme de ti y que te quedaras atrás, como deberías haber hecho. No sé si te das cuenta del ridículo que has estado haciendo, primero has perdido una sandalia y ni te has enterado, has seguido caminando, luego te has puesto a hablarme en inglés sin a penas saber hacerlo, tienes menos nivel que una alumna de quinto de EGB (al decir esto la muchacha esperaba que la reacción de Lili fuera preguntar qué es “EGB” pero no reaccionó de ninguna forma). Y te has atrevido a cruzar en rojo pensando en que haciéndolo conmigo estarías a salvo, yo no he calculado que tú caminas tan despacio, casi te lleva el coche por delante, ¡loca! Y Lili, que llevaba todo el rato escuchando la bronca, leyéndole los labios, porque el ruido del tráfico a duras penas le permitía oírla, procedió a mirarle a los ojos, hacia arriba, porque ella era más alta, y le respondió: - Tienes razón, estoy loca, por ti... Y la pequeña Lili le plantó un beso en los labios. Fue un beso corto, raudo, digamos que interrumpido por la duda de si la muchacha se separaría, o si le vendría una bofetada de algún lado, Lili cerró los ojos para dar el beso, pero los abrió rápidamente al terminarlo. Eso fue todo lo que pasó. Se puso en color verde el semáforo de los peatones y nadie cruzó, todo el mundo den los dos lados de las aceras principales las miraban con la intriga de cómo iba a terminar aquella escena alocada. Y acabó con otro beso, cuando el semáforo de peatones estuvo en rojo y se restableció el tráfico de vehículos en los dos sentidos, la muchacha besó a Lili, cerrando los ojos y usando las manos para acariciar y sujetar sus mejillas, para casi auparla y llevarla hasta su estatura, al tiempo que inclinaba la cabeza hacia delante todo lo necesario y la ladeaba para que sus narices no chocasen. La muchacha se entregó en cuerpo y alma, besó a Lili con todo su ser, desde el corazón y hasta los pies, firmes en el suelo, en la estrecha acera de 40a centímetros que separaba el tráfico rodado de cada lado. Fue, eso sí, un beso lleno de pureza, de afecto, de labio a labio y sellando estos completamente, transmitiendo toda la pasión posible sin moverlos. Sólo apoyándolos, los suyos en los de Lili, que también se quedó quieta, de puntillas, casi, con las manos apostadas en su cintura, en la de la muchacha. Si en algún momento una sola de las dos hubiera pensado en abrir los labios y dar rienda suelta a sus lenguas aquel momento habría parecido otra cosa, cualquier cosa, menos el momento mágico y lleno de amor de aquel encuentro casual en la calle entre la duendecilla del zapato perdido y la princesa que se lo calzó como si hubiera sido una sandalia de cristal. En aquel momento mágico sólo tenía cabida un beso como aquel, largo, distendido, perfecto. Y el silencio de los coches al parar para que los peatones cruzasen las hizo reaccionar y se giraron, una hacia su derecha, la otra hacia su izquierda, y caminaron hacia donde el destino las llevase. Se agarró Lili a la mano de la muchacha cuando llegó al bordillo de la acera del otro lado y la gente pudo cruzar y continuar sus respectivos caminos. Lo que pasase de ahí en adelante y en qué se convirtiera esa historia era cosa de ellas dos, únicamente, de modo que nadie más sabría nunca qué pasó con las dos chicas del beso mágico y sereno en el medio de aquella avenida. De aquel encuentro quedó un rastro, la habilidad de un peatón que hizo una foto con su móvil y la subió a Twitter, eso fue todo lo que quedó de prueba de aquel encuentro mágico.


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«Una cenicienta moderna (II)» es un artículo original escrito por Fdez33 para Matices

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